Generaciones futuras
Cultivar el futuro desde raíces profundas: la Red Slow Food de Castañicultores
A lo largo de los Apeninos, los Alpes y las estribaciones italianas, los castañares conservan las huellas de una relación ancestral entre las personas y el territorio. Sus árboles alimentaron a familias, sostuvieron economías locales y modelaron paisajes; a su alrededor surgieron técnicas, secaderos, molinos, recetas y distintas formas de vida colectiva. Devolver estos espacios a un cuidado activo significa, por tanto, crear las condiciones para que las zonas de montaña sigan estando habitadas, sean productivas y mantengan un vínculo con las generaciones que definirán su porvenir. Esta es la visión que inspira a la Red Slow Food de Castañicultores: entender el patrimonio como un recurso vivo, capaz de fomentar conocimientos especializados y abrir nuevas posibilidades.
De la conexión a la acción colectiva
Nacido en Italia en 1986, Slow Food trabaja por unos sistemas alimentarios buenos, limpios y justos para todos. Sus redes temáticas reúnen a personas y grupos en torno a causas comunes, favoreciendo la circulación de saberes y prioridades más allá de las fronteras geográficas. De este modo, numerosas iniciativas locales pueden convertirse en una voz compartida para proteger la biodiversidad, promover la educación y llevar las necesidades de los territorios al debate público. La Red de Castañicultores aplica este modelo a un legado presente en gran parte de Italia. Desde sus primeros pasos en 2021, ha reunido a productores, representantes de Slow Food, investigadores, técnicos, artesanos, cocineros y organismos públicos. Experiencias muy distintas confluyen en una misma pregunta: ¿qué puede llegar a ser hoy un castañar?
Una cultura entretejida en el paisaje
Durante siglos, el castaño ocupó un lugar esencial en la alimentación y en las economías rurales de las zonas interiores y montañosas de Italia. Conocido en muchos lugares como el «árbol del pan», ofrecía frutos que podían consumirse frescos, secos o molidos para obtener harina, mientras que su madera y sus hojas también formaban parte de la vida cotidiana. El castañar era solo una pieza de un sistema más amplio. Los métodos de recolección, los secaderos de piedra, los molinos, los senderos forestales y las recetas componían lo que suele denominarse la «civilización del castaño»: una cultura nacida de la relación entre agricultura y comunidad. Tras la Segunda Guerra Mundial, la despoblación y la transformación de los modelos agrícolas condujeron al abandono de numerosas explotaciones. Las variedades autóctonas se volvieron más vulnerables, muchos edificios dejaron de utilizarse y los conocimientos prácticos corrían el riesgo de desaparecer con las generaciones que los custodiaban. Su recuperación ofrece hoy la oportunidad de comprender qué elementos de aquella cultura pueden responder a las necesidades actuales y qué competencias son necesarias para afrontar el cambio climático, la evolución de los mercados y la fragilidad social de las zonas de altura.
Un nuevo impulso para las Terre Alte
La Red aspira a devolver al cultivo tradicional del castaño un papel estratégico en las Terre Alte italianas, es decir, en las áreas elevadas y los territorios interiores del país. Su trabajo se articula en torno a los tres pilares de Slow Food: biodiversidad, educación e incidencia pública. La protección de los castañares históricos y los árboles centenarios avanza junto con la gestión forestal sostenible y la restauración de estructuras rurales, como los antiguos secaderos de piedra. La iniciativa también promueve cadenas de suministro más justas y transparentes, nuevos usos gastronómicos del fruto y sus derivados, y oportunidades de formación, investigación e intercambio. Un castañar es al mismo tiempo un ecosistema, un paisaje cultural y la base potencial de una economía de proximidad. Su continuidad depende de los productores, pero también de científicos, artesanos, restauradores, educadores, administraciones y habitantes capaces de trabajar juntos.
Desarrollar capacidades, abrir nuevos caminos
Para una persona joven que se plantee quedarse, regresar o construir su futuro en las zonas de montaña, un castañar bien cuidado puede convertirse en el punto de partida de nuevas actividades. Puede sostener la agricultura y la transformación alimentaria, a la vez que crea conexiones con la hospitalidad rural, la educación ambiental, el turismo, la artesanía y el emprendimiento social. Su valor se extiende mucho más allá de la parcela. La gestión responsable de estos espacios contribuye a la biodiversidad y a la protección del paisaje, ayuda a regular el agua y el suelo, favorece la captura de carbono y reduce los riesgos relacionados con la inestabilidad hidrogeológica y los incendios forestales. El cuidado devuelve presencia humana, un recurso esencial en las zonas afectadas por el abandono y la despoblación.
Transmitir el conocimiento
La primera Escuela de la Red Slow Food de Castañicultores, inaugurada en 2026 en las montañas de Pistoia, convierte esta visión en una experiencia concreta. A través de clases, talleres, visitas de campo y encuentros con productores, investigadores e instituciones locales, el programa forma a los participantes en la gestión sostenible de los castañares, la transformación del fruto, los servicios de turismo rural y el desarrollo de iniciativas empresariales arraigadas en la sociedad. Los saberes se transmiten para que puedan ser cuestionados, ampliados y aplicados de nuevas maneras. Dar continuidad a este legado también significa ofrecer a la siguiente generación la confianza y las herramientas necesarias para asumir la responsabilidad del paisaje e imaginar un lugar propio dentro de él.
Rumbo a Terra Madre 2026
Del 24 al 27 de septiembre de 2026, el centro de Turín acogerá la 16.ª edición de Terra Madre Salone del Gusto. Organizado por Slow Food, la Ciudad de Turín y la Región del Piamonte, el encuentro celebrará los 40 años de Slow Food Italia situando la biodiversidad en el centro de su programa, en todas sus dimensiones: natural, agrícola, gastronómica, cultural y social. La Red de Castañicultores será una de las iniciativas temáticas representadas, junto con delegados de las Terre Alte. La cita brindará una ocasión importante para compartir el trabajo realizado y abrir una nueva etapa en un proyecto que continúa evolucionando. Proteger un patrimonio consiste, en última instancia, en pensar qué posibilidades queremos dejar a quienes vendrán después. Al devolver atención, conocimiento e imaginación a los castañares, la Red ayuda a las poblaciones de montaña a mantener vivas sus raíces y, al mismo tiempo, a crear las condiciones para su futuro.
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Torino (TO)